A veces no somos conscientes de lo fuertes, valiosas y capaces que somos hasta que la vida nos pone frente a alguien o algo que nos lo recuerda. No se trata de depender de la mirada de otros, sino de comprender que los encuentros, las palabras y los gestos pueden ser espejos que despierten en nosotras la luz que siempre estuvo ahí.

Todas hemos vivido momentos en los que alguien creyó en nosotras más de lo que lo hacíamos nosotras mismas. Quizás fue esa amiga que te sostuvo la mano cuando dudabas, esa pareja que te mostró que merecías amor sin condiciones, o incluso un desconocido que con un gesto amable te recordó tu valor. Y es que muchas veces la chispa que nos invita a avanzar surge gracias a esas conexiones que nos sostienen y nos impulsan.

El verdadero empoderamiento nace cuando transformamos esas señales en fuerza propia. Cuando dejamos de esconder nuestra voz y la compartimos con el mundo. Cuando entendemos que fallar no nos define, que soñar en grande no es ingenuidad y que pedir apoyo no nos hace débiles, sino humanas.

Crecer no siempre significa hacerlo sola. A veces el universo nos regala personas que llegan para mostrarnos la valentía que ya habitaba en nosotras. El reto está en abrazar esa energía, apropiarnos de ella y recordar que, aunque un día alguien nos haya ayudado a ver nuestro brillo, mantenerlo encendido depende de nosotras mismas.

Y es ahí donde surge la verdadera magia: cuando dejamos de vivir a medias, cuando nos reconocemos merecedoras de lo bueno y nos atrevemos a ocupar nuestro lugar en el mundo con seguridad, amor y autenticidad.

Si quieres empezar a manifestar tu abundancia y conectar con tu poder personal, adquiere mi Oráculo de la Abundancia y deja que el universo te muestre todo lo que está listo para ti.






